Figura de un arlequín haciendo equilibrios sobre una esfera. Está inspirada en la pintura Arlequín (1955), del artista de Mollet. Abelló la reprodujo primero en barro y después en yeso y, a partir del molde, Fernando Bernad Casorrán la modeló en bronce a la cera perdida.
Para Abelló, el arlequín era un personaje especial, relacionado con la vida bohemia, el circo y la alegría. El Arlequín de Abelló se ha convertido en un símbolo representativo de Mollet.