Donde están mis luces de Navidad
Este contraste no solo es visible, sino que nos afecta directamente, pues en muchas ocasiones nos vemos obligados a recordar al ayuntamiento lo básico: que arreglen las calles, que limpien las zonas de basura y que mantengan en condiciones mínimas las áreas comunes.
Una de las situaciones más dolorosas es la falta de iluminación en los barrios periféricos. Mientras que el centro de la ciudad brilla con luces que lo hacen parecer siempre seguro y accesible, muchos de los barrios más alejados permanecen en oscuridad, creando no solo un ambiente de inseguridad, sino también una sensación de abandono por parte de las autoridades locales.
Es comprensible que el centro de la ciudad, como núcleo de la actividad económica y cultural, reciba inversiones y cuidados especiales. Sin embargo, esto no debe implicar que los barrios del extrarradio queden relegados a un segundo plano. Todos los ciudadanos deberían disfrutar de la misma calidad de vida, sin importar en qué parte de la ciudad vivan. No es justo que haya que estar constantemente reclamando lo básico. La igualdad entre los ciudadanos no debería ser una cuestión de constantes luchas por el mantenimiento de nuestras calles y barrios. Exigimos, como ciudadanos, el derecho a ser tratados con la misma dignidad y atención, independientemente del lugar en el que vivamos.